El sábado pasado, después de recorrer unos locales de venta de comedores de mármol para mí nueva sala, me encontré con una compañera de la universidad que no veía desde hace mucho tiempo. Mientras platicábamos en la calle, decidimos ir a comer a algún lugar cercano para ponernos al día con nuestra vida después de haber terminado la universidad.

Ella me contó que estaba trabajando y que estaba a punto de casarse, yo le comenté que me había mudado de casa y que igualmente trabajaba en una revista de moda. Cuando me preguntó si tenía algún novio por ahí, me sonrojé al instante, un chico de mi trabajo me gustaba mucho, pero no tenía idea de cómo acercarme o qué decirle, tenía miedo de cometer algún error y alejarlo o que pensara cosas raras de mi o me odiara.

Ella se empezó a reír, no en burla, sino diciéndome que no era algo del otro mundo y que para conocer ese tipo de cosas, reacciones o situaciones, se debe hacer con la práctica. Me comentó que todos nacimos sin saber cómo reaccionar antes una persona que nos gusta y lógicamente siempre nos da miedo dar ese paso inseguro que puede desencadenar muchas probabilidades.

Además, hizo hincapié que si todo no salía como yo lo esperaba, que no me desanimara, hay muchos hombres en la Tierra y que alguno de ellos estará encantado de recibir mis miradas y sonrisas, de conocerme y de convivir con una persona tan extraordinaria como yo.

No supe qué decirle, me sentía avergonzada y agradecida. Y con un poco más de confianza en mí misma, le pregunté qué era lo que tenía qué hacer.

Me dijo que antes que nada, debía estar segura de lo que sentía, ya que si a él le llegaba a interesar y solo era un mero juego, lo terminaría lastimando. Le comenté que sí, que estaba segura de mis sentimientos. Después me dijo que me relajara, que lo disfrutara, que coquetear o acercarme al chico no debería ponerme nerviosa, o no lo suficiente como para tartamudear, ya que lo asustaría.

Me comentó que primero lo mirara y le sonriera, no todo el tiempo como si lo estuviera acosando, pero que una sonrisa traviesa un par de veces le llamará la atención. Me dijo que tratará de encontrarlo en el café o en la máquina de copias y que poco a poco empezara a hacerle conversación. Preguntas como qué rico café ¿no crees? O este café sería más rico si hubieran galletas de por medio. Algo sencillo con lo que empezar, si a él le interesa continuará con la conversación y poco a poco comenzaríamos a platicar más o a vernos más.

Me dijo que es de vital importancia que sonría, aunque no mucho y todo el tiempo y que si noto que un silencio incómodo se presenta entre los dos, deje el momento para otro día, ya habrá otro tema de qué platicar.

Con los nervios de punta, decidí hacerlo el lunes, solo espero que me vaya bien. Deséenme suerte.